Andalucía aún conserva parajes naturales donde la huella del hombre pasa inadvertida. El Rompido, una aldea de pescadores en el municipio onubense de Cartaya, es uno de ellos. Su belleza paisajística y su amplía oferta de actividades hacen de este enclave un lugar idóneo para pasar unas idílicas vacaciones, con la tranquilidad que confiere el estar alejado de las masificaciones turísticas y urbanas.
El poblado de El Rompido se levanta sobre la ría del Piedras y su población ronda los 500 habitantes. Esta zona de Huelva está marcada por las largas lenguas de arena que se forman en la desembocadura del río paralelas a la costa. Al otro lado del margen del río Piedras se encuentra La Flecha de El Rompido, un espacio natural caracterizado por sus playas vírgenes de arena blanca.
Los habitantes de El Rompido mantienen viva la vocación marinera de sus antepasados. Sus pequeñas embarcaciones guardan los secretos de la pesca artesanal, cuyo arte permite capturar los mejores productos del mar que dan prestigio a su cocina tradicional y que lo convierten en un destino gastronómico de primer orden. En sus restaurantes se pueden saborear recién pescados una variada gama de mariscos, chocos, merluza, y pescados a la plancha de todo tipo. Un menú marinero que se puede completar con las famosas habas enzapatadas, gazpacho con uvas y las tradicionales tortas de almendras. Sus calles conservan el olor a mar y transcurren entre casas blancas de aires barrocos. Su actividad diaria navega guiada por los faros que hay en la localidad, datando uno de ellos de 1861.
Su ría, que llega a alcanzar una anchura de 600 metros, permite compaginar la actividad pesquera con los deportes náuticos. Además, los amantes de la naturaleza pueden disfrutar de su riqueza en flora en fauna, cuyas especies autóctonas se reparten entre los parajes protegidos del Parque Natural de Las Marismas y La Flecha de El Rompido.
Los restos arqueológicos y la toponimia existentes entroncan a Cartaya con la época fenicia. El actual poblado de El Rompido tiene su origen en el antiguo emplazamiento de San Miguel de Arcabuey, que quedó despoblado en el siglo XVII a causa de las continuas incursiones de los piratas berberiscos. Desde entonces y hasta el siglo XIX esta localidad costera permaneció semihabitada. Poco a poco se fue formando una aldea, en la que sus habitantes tuvieron y siguen teniendo como ocupación principal la pesca tradicional de trasmallo. Con aproximadamente 950 viviendas, de las que la mayoría son segundas residencias, este núcleo poblacional ha sabido conservar su tradicional carácter marinero frente al empuje de la modernidad.
La aldea de El Rompido está rodeada por un entorno natural privilegiado, al que se puede acceder desde un sendero que parte del faro viejo y que se adentra hasta el caño del Tendal y la zona conocida como Pradera de San Isidro. Uno de estos tesoros naturales es la Flecha de El Rompido, que está a orillas del río Piedras. Allí, como única construcción, queda el vestigio de la antigua almadraba, donde se recogían millares de atunes y cuyas ruinas sirven ahora para acoger a parejas de cigüeñas que regresan cada año para anidar.
La Flecha parte desde El Terrón, en el municipio vecino de Lepe y tiene una longitud de unos 12 kilómetros que transcurren paralelos a la costa. Al final de este paraje natural se encuentra la Punta del Gato, donde la vegetación es prácticamente nula. Aquí, gracias a la bajamar, se hace sencillo el marisqueo; donde valiéndose de un rastrillo o de las propias manos se puede obtener un buen botín de coquinas.
Bordeando La Flecha de El Rompido, entre Punta del Gato y Los Bajos del Portil, se desemboca al Océano Atlántico. En este punto, de rápido y fácil acceso en barco desde El Rompido, es donde se encuentran algunas de las mejores playas vírgenes de Europa, de fina arena, sin construcciones ni chiringuitos. Aquí también tienen cabida los amantes del naturismo, que pueden relajarse en la primera playa nudista de la provincia de Huelva.
La joya ecológica de Huelva, el Parque Nacional de Doñana, también está al alcance de los visitantes de El Rompido, ya que se encuentra a algo más de 70 kilómetros. Doñana forma un variado mosaico natural de playas, dunas vivas, cotos, arenas estabilizadas o marismas. Este rico ecosistema formado por alcornoques, madroños, sabinas y acebuches, entre otra flora, es refugio de al menos 300 especies de aves como el águila imperial, el calamón, la grulla, la garza, los flamencos o el ánsar común. En Doñana también habitan jabalíes, ciervos, zorros o linces, que convierten este parque en una reserva natural clave para especies en peligro de extinción. Todo esto hizo que la UNESCO declarara en 1980 al Parque Nacional de Doñana "Reserva de la Biosfera".
Los paisajes que ofrece El Rompido invitan a la práctica de actividades. A lo largo de La Flecha se encuentran instalados cuatro clubes náuticos (Asociación Náutica Nuevo Portil, Marina del Rompido, Asociación Náutica San Miguel y Club Náutico Río Piedras) que ofrecen multitud de servicios, tales como cursos de buceo, navegación en catamarán y barco de vela, o windsurfing. Asimismo, los aficionados a la náutica disponen de un puerto deportivo en la misma localidad.
La Flecha también es escenario del deporte de aventura. Desde el varadero situado en el puerto pesquero de El Rompido se organizan salidas en kayak por un itinerario de unos 13 kilómetros, de ida y vuelta, hasta la desembocadura al Océano Atlántico. La duración estimada es de seis horas y se incluye un baño y comida una vez alcanzadas las solitarias playas. El viaje puede hacerse en kayak, en embarcaciones de recreo modelo kiwi o en canoa.
Para los que disfrutan de la velocidad, en el Complejo Deportivo Playas de Cartaya, en la carretera Cartaya-El Rompido, hay un kartodromo donde uno puede comprobar su pericia al volante de estos pequeños bólidos. La cercanía del río Guadiana también permite realizar cruceros para contemplar el maravilloso paisaje del enclave fronterizo entre España y Portugal.
La situación de El Rompido hace posible descubrir tradiciones andaluzas a escasos kilómetros. Así, uno puede cubrir la peregrinación hasta la aldea de El Rocío, en el municipio de Almonte, para rendir culto a la Virgen del Rocío. Una romería que recrea el ambiente de fiesta y devoción que cerca de un millón de personas experimenta cada año. En las cercanías también se encuentra el Monasterio de La Rábida, escenario de las negociaciones de Cristóbal Colón en su empeño por recaudar fondos para sus viajes. En sus jardines se levanta un monumento en honor al descubridor de América; y a escasos metros está "La Pinta", la única de las tres naves que no es una completa reproducción ya que conserva alguna de sus estructuras originales. El visitante también podrá retroceder en el tiempo si se acerca al Castillo de Niebla, un fuerte medieval que está abierto en su totalidad al público, incluso las mazmorras. El Rompido, a pesar de su idiosincrasia, no es ajeno al fervor de la práctica del golf que recorre toda Andalucía, por lo que dispone de varios clubes en los que uno puede relajarse haciendo deporte.
A pesar de lo apartado del lugar, la gente de El Rompido es amable y cálida con los turistas. Por ello, sus fiestas, que tienen lugar en el último fin de semana del mes de julio, están abiertas a todos los visitantes. Estos festejos combinan un amplio abanico de actuaciones musicales y actividades lúdicas con la inigualable brisa marinera que ofrece este rincón de pescadores.
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