Dentro, el intimista Patio de los Naranjos
y esas innumerables columnas, con capiteles romanos, paleocristianos
o incluso bizantinos, y sobre ellos los esbeltos arcos
de herradura.
Córdoba es
ciudad para recorrer a pie, atisbando desde las estrechas
calles los umbríos patios donde docenas de macetas
y las más coloristas y perfumadas flores nos sumergen
en una atmósfera dulce. Por la vieja Judería
admiraremos la que fuera Sinagoga, y
no muy lejos la puerta de Almodóvar y
el Alcázar de los Reyes Cristianos,
con buenos jardines, y donde se pueden admirar baños
califales y bóvedas ojivales, pero también
mosaicos que nos recuerdan la importancia de la ciudad
bajo el poder de Roma, como nos lo recuerdan
también los poderosos restos de un templo junto
al Ayuntamiento.
Con la conquista en el siglo XIII, Córdoba comienza
a llenarse de iglesias que marcan por lo general la transición
del románico al gótico y alguitas de las
cuales conservan restos de primitivas edificaciones árabes. Santa
Marina, San Miguel, San Lorenzo, San Pablo, La Magdalena,
San Nicolás de la Villa... Son las iglesias
fernandinas, que definen el arte de muchos barrios cordobeses.
Pero como toda ciudad andaluza que se precie, no faltan
los detalles barrocos, como el soberbio Palacio de la Merced,
sede hoy de la Diputación Provincial.

El río baña Córdoba,
a un lado queda casi todo el casco urbano, al otro el Campo
de la Verdad y monumentos como la torre de La
Calahorra. Las plazas cordobesas son otro elemento vital
en la ciudad y oscilan desde la solidez de La Corredera,
ladrillo rojizo, y antaño escenario de corridas
de toros, a la desnuda belleza de Capuchinos, con el Cristo
de los Faroles, pasando por la delicia renacentista
de la Plaza del Potro, fuentes y edificios
y en ellos museos como el de las Bella Artes y
Julio Romero de Torres. Hay varios museos más
en la ciudad como el Arqueológico o el Taurino.
Entre
los edificios civiles hay que recordar el antiguo Hospital
de San Sebastián, hoy Palacio de
Congresos, el Palacio de Viana,
que incluye nada menos que once patios y un jardín,
que impresionan incluso en ciudad tan rica en patios y
jardines íntimos como es Córdoba.
Bien comunicada, con un calendario rico en eventos, la universitaria
Córdoba ofrece atractivos al viajero
en cualquier época del año.
En los últimos años, la ciudad ha añadido
a sus muchos incentivos un inusitado desarrollo en la restauración,
que la colocan, a juicio de muchos, a la cabeza de la gastronomía
andaluza. Muchos y muy buenos restaurantes, recuperación
y redescubrimiento de viejas fórmulas (cocina
mozárabe incluida) y relanzamiento de otras
muy características de la cocina andaluza, están
en la base de esta expansión.
La Semana Santa cordobesa aúna con la devoción
a muchas de sus imágenes y la calidad de sus tallas,
la belleza de los escenarios urbanos, por los que atraviesan
las hermandades. La gran cita cordobesa es todo el mes
de mayo, en la que se suceden las fiestas de las
Cruces, las Catas y la Feria de Nuestra Señora de
la Salud, mes de la explosión del azahar. |