No muy lejos otro complejo no menos deslumbrante:
el Alcázar árabe, que ampliará, bajo
el reinado de Pedro I el Cruel, en el que domina un mudéjar
minuciosamente trabajado y donde los jardines ponen el
imprescindible contrapunto.
Las
sucesivas culturas han ido dejando sus huellas en la ciudad,
las sólidas columnas de la calle Mármoles
nos recuerdan el pasado romano; las murallas del barrio
de la Macarena, reconstruidas en tiempos de dominación
almohade o la archiconocida Torre del Oro, entre otras,
que muestran la larga y productiva estancia musulmana;
las numerosas iglesias góticas o mudéjares (Santa
Marina, San Marcos, Omnium Sanctorum,...) que definen
tantos barrios de la ciudad, nos recuerdan la mano de Fernando
III.
El apogeo renacentista, cuando tras el descubrimiento
de América, Sevilla es eje del comercio con las
Indias, deja en la urbe el magnífico Ayuntamiento,
la severa Lonja (que en la actualidad es la sede del
Archivo de Indias) o varias salas y capillas de la
Catedral entre otros ejemplos. Muchos de los grandes edificios
sevillanos conocen hoy nuevas utilidades, como el renacentista
y colosal Hospital de las Cinco Llagas, sede actual del
Parlamento Andaluz. Renacimiento y mudéjar, en sabia
combinación, dominan el Palacio de las Dueñas
o la Casa de Pilatos, amplios palacios.
El barroco que dejó igualmente amplia huella en
la ciudad, con numerosas iglesias (La Magdalena, El
Salvador), hospitales (como el de La Caridad) o
palacios (como el de San Telmo) mientras puebla
sus iglesias cuadros valiosos que llegan firmados por los
mejores pintores de la historia española. La amplia
Fábrica de Tabacos es hoy la sede de la Universidad
de Sevilla.
Sevilla
no ha dejado hasta ahora de enriquecerse en cada generación,
en nuestro siglo por ejemplo, desde el regionalismo de
su ancha Plaza de España en los años veinte
hasta los vanguardistas puentes como el del Alamillo, levantados
al socaire de la Exposición Universal de 1992, en
parte de cuyos terrenos pueden disfrutar hoy en día,
grandes y pequeños, de las atracciones del parque
de atracciones Isla Mágica.
Conocer Sevilla exige adentrarse en sus barrios, en su
deliciosa judería en las actuales calles de Triana,
el coqueto Barrio de Santa Cruz, la hermosa plaza de toros
de La Maestranza, la preciosa torre trianera de Santa Ana.
El paseo puede incluir un recorrido por sus zonas verdes,
caminando por el Parque de María Luisa y los Jardines
de Murillo, un oasis de tranquilidad que explota en primavera
con miles de colores y aromas.
La excepcional riqueza de Sevilla se traslada también
a sus dieciséis museos. De supina importancia, el
de Bellas Artes, con magníficas obras pictóricas
y escultóricas y el Arqueológico.

Nada mas alejado, sin embargo, de la ciudad que mira atrás
y se recrea en su pasado y se conforma, que la Sevilla
de hoy. Ante todo, una ciudad muy bien comunicada, con
aeropuerto activo y amplio, el Tren de Alta Velocidad,
autovías (A92, A49,...) que la comunican
con las demás capitales andaluzas y con el resto
de la Península, incluso el puerto, el primer puerto
fluvial de España, que se abre hoy al turismo, los
numerosos puentes sobre su río y una excelente autovía
de circunvalación.
Pero al mismo tiempo una ciudad que apuesta por el futuro,
con aspiraciones olímpicas y donde los eventos deportivos
de primerísimo nivel se suceden.

Esta
ciudad, tan extravertida, comercial y emprendedora coexiste
con la ciudad íntima de tan delicada belleza como
el baile de los "seises" tres veces al año
en la Catedral. Bien verdad es que la intimidad de los
conventos sevillanos esconden otro muy distinto tesoro,
los dulces, y que no se concibe paseo por la ciudad sin
hacer un alto en esos templos de las gastronomía
con los más afamados bares especializados en las
mil y una ingeniosas tapas populares.
Cerca de Sevilla, la ciudad arqueológica de Itálica,
plaza romana fundada por Escipión. Las ruinas, a
la vera de Santiponce y no muy lejos del recinto de la
Cartuja, incluten anfiteatro, termas, teatro y varias edificaciones
con mosaicos de mas de 2200 años.
En el museo arquelógico puede verse el fantástico
Tesoro Tartésico de Carambolo, consistente en las
insignias reales del rey tarteso Argantonio, collares,
brazaletes y pechera, todo en oro, que se descubrió en
1956 |